Dicen en el medio político nacional –off camera, desde luego–-, que hay una estrategia llamada “Plan Abanico”, en su versión 2022, pues el arte de la politiquería no es nada nuevo, eso lo sabemos todos en Guatemala. Esta nueva versión del plan se podría titular, desde la perspectiva del gobierno de Miguel Martínez… digo, Alejandro Giammattei: “A Sandra lo que quiera y a mis enemigos la guillotina” (más bien, la “´ley” según la interpreta el hombre fuerte y su gente bien, bien, bien infiltrada, que no es poca). Con Zury Ríos parece más fácil, pues, para la mayoría, tiene un impedimento legal taxativo, a menos que negocie con el actual gobierno.
En cuanto a los demás, se tergiversa la ley con malicia e impunidad, para que “no les toque”, pues no conviene a los actuales gobernantes.

Esto podría afectar las aspiraciones de Roberto Arzú y, sobre todo, de Edmond Mullet, de quien algunos hablan ya de una “retirada voluntaria”. EEl peligro comunista, según los Estados Unidos y todos quienes respetan la propiedad privada, de Thelma Cabrera, dicen, se debe frenar, en teoría, no permitiendo que llegue a segunda vuelta. Los más, como serían Villacorta, Sagastume, Malouf o Arévalo -inter alia-, son inofensivos, pues no tienen ninguna posibilidad realista (pero pueden ser oportunos aliados en segundas instancias).
Ahora bien, este Plan Abanico presenta un problema de timing. Es decir, la espacio que quedaría entre el poder para ejecutarlo y el tiempo en el que se toman las decisiones cruciales.
Giammattei tiene una poderosa baza, o dos: la elección de la junta directiva del Congreso de la República y la aprobación del presupuesto 2023 (que se habla ya de 113 mil millones). Esto debe abordarlo con rapidez si quiere que su plan funcione. Mientras más se demore, menos poder tendrá. Y no debemos olvidar el movimiento de Estados Unidos en el tablero del ajedrez político guatemalteco en las siguientes semanas, puede socavar el poder del presidente y desalinear a los actores que, hasta ahora le obedecen, por una mezcla de temor y ambición.
De manera que, digámoslo así, si la decisión se estuviera tomando en el primer trimestre del 2023, es previsible que el nivel de poder de quien la ordena haya decrecido.
Esto nos lleva a 3 escenarios:
- El Plan Abanico se ejecuta a la perfección: esto implica que Sandra Torres y el continuista –apoyado por el presidente y Martínez– Manuel Conde, van a segunda vuelta, con alta probabilidad de fraude, por no decir fraude consumado.
- El plan abanico sin Zury Ríos, pero con Roberto Arzú y Edmond Mulet, en cuyo caso Roberto o Mulet corren el riesgo – grave, en este caso, irónicamente –de pasar a segunda vuelta con Sandra, con lo que eso implica. Aunque no podemos descartar la terrible fuerza del antivoto de Sandra Torres, que dejaría sobre todo a Roberto y a Edmond, un poco menos, con chaces reales de ganar la elecciones.
- Todos participan (o sea Zury y Co.). En este escenario sigue el riesgo para Roberto o Mulet (o Cabrera, ojo) de pasar a segunda vuelta, pero serían más factibles sus posibilidades contra Sandra que contra Zury. El costo para Torres de acercarse tanto al oficialismo, tendría consecuencias en su voto duro, desatendido y profundamente desilusionado. Es decir, Sandra sí le ha dado motivos a su electorado (“fiel”, se podría decir) para ya no votar por ella. Esto implicaría que ella misma corre el riesgo de no entrar a 2da vuelta en una elección que se desarrolle en los términos más normales posibles. Y es que el antivoto de las dos señoras es terrible y casi idéntico en números. Según la mayoría de votantes a ellas, definitivamente, no les toca.
En todos los casos, Alejandro Giammattei está paranoico, pues, si su plan no funciona (si no ganan sus bendecidos) serán él y su pareja perseguidos por todas las instancias nacionales e internacionales que se les ocurran, hasta las últimas instancias.
Es en fin, una posición cuasi suicida, a los 26 días de octubre de 2022.
